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Creado para trabajar en un medio hostil, el Sheltie cumplió largo tiempo su destino de perro pastor. Hoy en día, su función ha cambiado y disfruta –a diferencia de sus ancestros– de las comodidades de una vida a todo confort. Y es mundialmente admirado no solo por su belleza sino también por la destreza que muestra toda vez que es desafiado a competir, ya sea en pruebas de agility como en las de arreo. Haciendo un poco de historia vemos que…
La patria natural
La raza se originó en las islas más apartadas de la tierra situadas entre Noruega y Gran Bretaña, las islas Shetland, las más agrestes y abruptas que posee Escocia. El clima es húmedo, ventoso y frío y la niebla y la llovizna castigan a toda hora. Es posible que los antepasados del Shetland actual desciendan de perros lugareños cruzados con los que los balleneros suecos y noruegos llevaron a las islas. La forma de su cola podría proceder del pastor de Islandia, mientras que las orejas semierguidas y el color amarillento serían aportes del Yakki de Groenlandia. Pero no serían los únicos. Los investigadores señalan que también hubo en la conformación de la raza sangre de Collies escoceses, de Border Collie y de King Charles Spaniel, entre otras.
El aspecto del Shetland antiguo poco tiene que ver con el actual. La mirada de los granjeros a los que este pastor auxiliaba estaba más puesta en la función que en su imagen. Ellos necesitaban animales pequeños, rústicos, ágiles y obedientes. No pedían otra cosa.
Distinto fue el enfoque de los criadores que los sucedieron cuando, tiempo después, el interés por la raza canina local lentamente fue excediendo el ámbito de trabajo y aquéllos amantes del Sheltie comenzaron a criar con una idea más estética. La necesidad de coordinar criterios para llegar a un patrón racial consensuado dio origen, en 1908, a la creación del primer club de la raza.
El Sheltie actual, más elegante y majestuoso que sus antepasados, vive una vida comparativamente más regalada que ellos, sin embargo, conserva intacto su instinto de perro pastor. En sus genes late –heredada de sus ancestros– una inteligencia innata para la acción.
Foto: gentileza AKUMIGO
El informe completo en la edición impresa de El Perriódico Nº 75 |