Se acercan las esperadas vacaciones y con ellas tiempo libre para dedicarse a uno mismo y la familia.
Así, parejas jóvenes que recién empiezan a convivir, otras que llevan años aún sin niños, o aquellas cuyos hijos iniciaron su propio camino, comienzan a pensar en la posibilidad de compartir los días con un perro. Unas con experiencia previa de vida junto a él, otras a punto de enfrentar un mundo totalmente desconocido, pero todas con resultado incierto ya que el éxito no está asegurado sin conocimientos, esfuerzo y trabajo diario.
La decisión de traer un perro a casa debe meditarse bien, y es necesario el acuerdo de toda la familia para que él no sea un motivo de discordia. Se debe pensar si se adaptará al estilo de vida, el espacio y tiempo disponibles, la presencia y edad de niños o ancianos en el hogar, los horarios de trabajo y el dinero que seguramente demandará su mantenimiento en condiciones de buena salud.
No será un juguete a pilas, tampoco un artículo para descartar cuando se comporte de forma incorrecta, enferme o envejezca, sino un ser vivo con características y necesidades propias que acompañará al grupo familiar, si todo sale bien, durante muchos años.
El perro pertenece a una especie social, por lo tanto para preservar su bienestar necesita vivir junto a congéneres o personas.
Cuando nace su sistema nervioso es inmaduro y el desarrollo conductual es lento y progresivo durante los primeros meses. De su propietario, además de alimento, alojamiento, vacunas y atención médica cuando enferma, necesita paciencia, dedicación y tiempo disponible para compartir con él juegos y paseos, y aprender a comportarse de manera adecuada.
Antes de incorporar un perro a la familia pueden aparecer ciertas dudas. Si es preferible que sea mestizo o de raza; macho o hembra; adónde buscarlo; qué edad es la más conveniente… No basta con elegir una buena raza para obtener un buen perro, y no es real todo lo publicado en Internet. Los individuos de razas creadas para guardia tienen en general temperamento fuerte con mayor tendencia a manifestar dominancia hacia el propietario, otros perros, y defender el territorio. Por lo tanto, si las personas con quienes convivirá carecen de carácter suficiente para manejarlo, siempre sin generarle miedo o ansiedad, es recomendable elegir una raza de compañía con menor tendencia a manifestar estas conductas.
El informe completo en la edición impresa de El Perriódico Nº 74